
Glifosato, comida y coca para cocaína
2026-08-30
A principios de los 2000, estudios científicos comprobaron lo que desde años atrás estaban denunciando comunidades campesinas e indígenas: el glifosato afectaba al ambiente y a la salud. Por eso fue declarado como probablemente cancerígeno.
Por Yury Marcela Ocampo Buitrago.
El glifosato es un herbicida que bloquea la forma en que las plantas procesan la luz del sol y los nutrientes del suelo para crecer. La aplicación de glifosato mata a las plantas y también evita su rebrote. Está presente en productos comunes como Roundup, Glifosato Vecol, Touchdown, muy usados en cultivos alimentarios porque son muy efectivos para eliminar lo que hemos llamado malezas.
Con la industrialización de la agricultura desde los años 70 y 80, los herbicidas se consideraron necesarios para aumentar la productividad de los cultivos. Desde entonces, tenemos una producción alimentaria que depende de estos.
Pero, como los herbicidas no distinguen entre maleza y cultivo, también fue necesario crear plantas resistentes a estos. De modo que muchas de las empresas que venden herbicidas también venden semillas, pero no cualquier tipo de semillas, sino unas que son capaces de sobrevivir al glifosato.
Aunque el uso de estos herbicidas aportó al aumento de la producción de alimentos, también generó efectos ambientales y en la salud que, aunque fueron evidentes desde un primer momento, apenas ahora se están entendiendo con claridad y con la gravedad del caso.
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En Colombia, el uso del glifosato fue reglamentado en los años ochenta para uso común y corriente, y a principios de los noventa se adoptó como la solución para los cultivos declarados como ilícitos, primero de amapola y luego de coca y marihuana. Sin embargo, tras más de dos décadas de su uso, no ha sido efectivo para la eliminación o disminución de estos cultivos.
Además, los efectos ambientales fueron advertidos prontamente y se ordenaron regulaciones ambientales en su uso. Décadas más tarde, los efectos negativos no solo fueron evidentes en los ecosistemas, sino también en la salud humana. A principios de los 2000, estudios científicos comprobaron lo que desde años atrás estaban denunciando comunidades campesinas e indígenas: el glifosato afectaba al ambiente y a la salud. Por eso fue declarado como probablemente cancerígeno.
Dado lo anterior, desde el año 2016 se suspendieron las aspersiones aéreas en Colombia.
Hace unos días el nuevo Gobierno derogó la norma que prohibía el uso de estas sustancias bajo el argumento de que no se va a usar el glifosato cancerígeno, sino uno que, hasta ahora, no parece ser tan peligroso. Pero recordemos que la ausencia de evidencia no significa evidencia de la ausencia.
Algunas personas dirán: pero si desde hace décadas se usa para sembrar fríjoles, tomates, lechugas, ¿por qué es problemático que se use para la fumigación aérea de los cultivos declarados como ilícitos?
Y lo primero que hay que decir es que el uso del glifosato en la producción de alimentos también es muy problemático. Pero eso lo abordaré en otra columna.
En lo que concierne al uso del glifosato para la erradicación de cultivos declarados como ilícitos, se debe recordar y repetir siempre que el Estado tiene el compromiso de garantizar, proteger y respetar los derechos de todas las personas, entre los que se encuentra el derecho a la salud y la alimentación, para los cuales es indispensable un medio ambiente sano.
El hecho de que usar estas sustancias sea una estrategia estatal parece estar en contra de la garantía, protección y respeto de los derechos antes mencionados.
Pese a los avances en las tecnologías de precisión para la aspersión de glifosato, basadas especialmente en el uso de drones, el efecto ambiental y en la salud no está absolutamente controlado.
Además, también resulta muy problemático que, pese al fracaso reiterado de las estrategias de erradicación y prohibición de cultivos declarados ilícitos, como el caso de la coca, sigamos obstinados en eso que llaman guerra contra las drogas.
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«A principios de los 2000, estudios científicos comprobaron lo que desde años atrás estaban denunciando comunidades campesinas e indígenas: el glifosato afectaba al ambiente y a la salud. Por eso fue declarado como probablemente cancerígeno».
«Qué tipo de sociedad tenemos para que el voto se convierta en mercancía y, más significativo aún, en una mercancía intercambiable por comida […] Así puesto, el problema no parece solo de corrupción, sino también de la desigualdad social y el hambre sobre la que se constituye».
«El chontaduro es uno de esos alimentos que las personas rechazan sin probar, entre otras razones, porque tenemos el gusto colonizado y cada vez más atrofiado por los productos ultraprocesados».

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