La escuela


Columnistas

2026-03-07

Por María Gabriela Pavas Álvarez.

Se escuchan las voces de los niños, antes de las seis, de lunes a viernes al amanecer, se filtra el sonido entre los muros, de puertas, grifos y utensilios de cocina. Los muros compartidos de las casas se han convertido en una especie de despertador para los vecinos. Dos niños se alistan para ir a la escuela; institución educativa Félix María Restrepo, se lee en la valla a pocos metros de su casa; es allí donde cursan su primaria.

«Son las seis y cincuenta», se escucha decir al hermano mayor. «¡Muévete!», dice. El hermano menor contesta afanado: «¡Espera! Ya voy, salimos a las seis y cincuenta y cuatro minutos». Al momento se escucha cerrar la puerta de afuera y las voces de los niños se pierden en la algarabía de otros estudiantes que se dirigen a la institución donde se escuchan ya los parlantes con saludos y música de bienvenida.

Es de anotar que estos dos niños, así como muchos otros hoy en día, intentan llevar a cabo sus deberes con responsabilidad y tratan de cuidarse mutuamente mientras sus padres salen a su lugar de trabajo desde la madrugada, con la confianza en que todo estará bien, sin más alternativa que enseñar a los hijos a cuidarse solos desde pequeños.

Después de la jornada escolar, Emanuel y Samuel corren tranquilos en sus bicicletas por la cuadra del barrio.

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A veces nos preguntamos y nos cuestionamos si será bueno o no que los niños salgan solos hacia sus colegios, si el peligro los alcanzará, si estarán bien alimentados, si todo estará bien fuera o dentro del hogar. Es lo que hay, dirían sus padres, o nosotros, si nos pusiéramos en su lugar.

Hace algún tiempo, los estudiantes rurales salían de su casa hacia la escuela desde muy temprano, descalzos y con la comida preparada, muchas veces por ellos mismos, con la leña buscada desde la tarde anterior, después de caminar grandes distancias desde la escuela hasta el hogar. Tareas enseñadas por parte de los papás; se debían cumplir desde los primeros años.

En las escuelas rurales se estudiaba solo hasta el grado segundo y este se repetía hasta la edad de diez años o hasta crecer un poco, de modo que los niños pudieran alcanzar la fuerza necesaria para realizar las labores del campo. Luego se fueron incrementando los demás grados escolares hasta llegar al grado quinto, el que se llenó después de jóvenes deseosos de terminar su primaria como el logro de conocimiento y el honor más grande al que se podía aspirar.

Comenzaba entonces a mencionarse la palabra bachillerato, el que se veía inalcanzable tanto para los hijos varones que debían trabajar la agricultura, como también por los costos y el desplazamiento que implicaba trasladar un hijo al pueblo para seguir estudiando.

A la escuela rural llegaba «la nocturna», la modalidad de estudio para los adultos, donde se encontraban desde las cinco o seis de la tarde hasta la noche y aprendían áreas como aritmética, geografía, lenguaje, entre otras.

Recuerdo entonces épocas anteriores, los roles, los deberes y las responsabilidades en los días escolares. El entorno rural tan diferente al urbano con la semejanza de ir a la escuela y cuidar del hermano menor.

Está en la memoria cada grado escolar como si en cada uno transcurrieran décadas de madurez mientras se es niño. Vemos una gran diferencia de años atrás hasta nuestros días en cuanto a lo tecnológico y lo tradicional o natural.

Al día de hoy, tenemos a la mano en muchas instituciones educativas la alimentación lista y gratuita para los estudiantes. También por llamada telefónica los padres pueden saber si sus hijos se encuentran bien en la institución donde cursan sus estudios.

Hoy en día los niños se preparan desde la primaria para sus futuras carreras y profesiones; áreas como tecnología e idiomas, entre otras, son de gran interés desde los primeros grados.

Es gratificante saber que al día de hoy algunas escuelas y colegios del campo tienen ya su bachillerato, así como también las universidades a distancia, y existen para jóvenes y adultos muchos medios para que nadie se quede sin estudiar.

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