
Empiezan a florecer las respuestas
2026-08-03
Mientras el plan de choque aterriza en decretos y líneas de crédito concretas, la recomendación de fondo no cambia: ganar eficiencia y entender los costos propios sigue siendo la única palanca que cada empresa controla por completo.
Por John Chica. Colaboración con Oriente Capital (@oriente.capital).
Hace unas semanas escribí sobre la caída del dólar y su golpe sobre los floricultores del Oriente antioqueño. Decía entonces que no bastaba con explicar el fenómeno, que había que actuar frente a sus efectos. Pues bien: en las últimas semanas comenzaron a aparecer algunas señales de que ese llamado a la acción empieza a materializarse en decisiones macroeconómicas; aunque, de todos modos, el panorama lejos de aliviarse, se complicó un poco más.
El 24 de julio, Estados Unidos subió del 10 % al 12,5 % el arancel adicional que aplica a buena parte de los productos colombianos, entre ellos las flores frescas, dentro de un paquete de medidas de la Oficina del Representante Comercial (USTR) que cobija a más de 30 países bajo la ley comercial de ese país. El café, el banano, el petróleo y el oro quedaron excluidos; las flores, no. Y como si la aritmética no fuera ya suficientemente adversa, este nuevo arancel se suma a una revaluación del peso que, como conté en la columna anterior, ronda el 22 % desde comienzos de 2025. Doble golpe: menos pesos por cada dólar exportado y, ahora, un costo adicional para entrar al mercado que compra el mayor porcentaje de las flores colombianas.
Leer más: Otra vez el dólar
Una buena noticia —o al menos la noticia que empieza a mostrar reacción— es que el Gobierno entrante decidió priorizar el tema desde antes de posesionarse. El ministro de Agricultura designado, Indalecio Dangond Baquero, se reunió con la presidenta de Asocolflores, Laura Valdivieso, para estructurar lo que han llamado un plan de choque, listo, según el propio equipo del mandatario electo, para ejecutarse desde el primer día de gobierno. Entre los puntos priorizados en esa mesa técnica aparecen tres que vale la pena subrayar: la creación de un Programa Nacional de Coberturas Cambiarias para amortiguar la fluctuación del dólar, líneas de crédito preferencial para capital de trabajo e inversión productiva, y el fortalecimiento de incentivos para preservar el empleo rural formal, con énfasis en mujeres cabeza de hogar y jóvenes.
Frente a la primera medida, como ya he expuesto, soy escéptico sobre las coberturas cambiarias como salida inmediata para el pequeño y mediano floricultor, precisamente porque a un dólar de $3 250 muchas empresas ni siquiera cubren el punto de equilibrio, y porque instrumentos como los forwards no son sencillos de operar para cultivos familiares sin estructura financiera. También pienso que es difícil pedirle a un comercializador que se cubra con el precio en el piso, cuando pasó descubierto toda la caída.
Frente a la segunda medida, líneas de crédito preferencial, estoy bastante de acuerdo, aunque considero que debe acompañarse de programas de asistencia técnica en incremento de la productividad como Fábricas de Productividad y Sostenibilidad de Innpulsa Colombia y las cámaras de comercio, y con herramientas de fortalecimiento como la Plataforma Agro de la caja de compensación Comfama, que me parecen dos excelentes referentes técnicos para traer a colación. Pienso que la estrategia no debe centrarse en tapar el agujero cambiario con una deuda nueva para el empresario, sino en realizar pequeñas e inteligentes inversiones para hacer de la mipyme agrícola una más productiva y competitiva desde el punto de vista operativo.
La tercera medida, la de los incentivos, transita entre lo obvio y lo polémico. Digo obvio porque el sector floricultor es un gran generador de empleo para mujeres y jóvenes. Digo polémico porque el Gobierno entrante, por razones seguramente ideológicas, evita hablar de subsidios directos como el de fertilizantes e insumos, dando a entender que estarían pensando más en incentivos financieros como descuentos en tasa de interés o abonos directos a crédito agropecuario. En este sentido, como buen keynesiano que soy, considero que jamás se debe descartar la opción de un apoyo directo, temporal, estabilizador y con potencial efecto multiplicador. Ya sabemos que a muchos no les parece muy popular —o justo— rescatar a la empresa ancla de un sector estratégico; pero este tipo de medidas no se hacen tanto pensando en el bienestar de un empresario en particular, sino para evitar el efecto dominó que puede generar una pérdida masiva de empleos en la demanda agregada y el crecimiento económico.
Opinión: Tamales con política
En resumen, creo que es una hoja de ruta razonable, sobre todo porque reconoce explícitamente que el problema no es solo arancelario, sino cambiario. Dicho esto, hay que ser honestos: todavía es un anuncio, no una medida ejecutada. No hay fechas, montos, ni reglamentación definida. Mientras el plan de choque aterriza en decretos y líneas de crédito concretas, la recomendación de fondo no cambia: ganar eficiencia y entender los costos propios sigue siendo la única palanca que cada empresa controla por completo, sin depender de que ninguna medida gubernamental llegue a tiempo o en la magnitud necesaria.
Y en esa línea, quiero contarles de algo muy concreto en lo que hemos venido trabajando en la región. Junto con Fenalco Antioquia y empresas del Grupo GEFFA, de la mano de un equipo técnico coordinado por la ingeniera agrónoma Natali Urrego y con mi participación en lo económico y financiero, desarrollamos una calculadora de costos para cultivos y comercializadores de hortensia, pensada exactamente para lo que discutíamos: que cada productor pueda identificar sus márgenes reales, entender en qué eslabones del proceso es menos productivo, tomar decisiones operativas con información y no con intuición, fijar precios con base en costos —y no en la guerra del centavo que tanto critiqué en la columna anterior— y hacer, en general, cualquier análisis de rentabilidad de forma sencilla y en línea. La herramienta ya está disponible en costoshortensiafenalco.com.
No resuelve el arancel ni fija el dólar, pero le da al floricultor de la hortensia algo que hasta ahora era escaso en el sector: una fotografía clara de sus propios números, para actuar sobre lo que sí puede controlar mientras las medidas de arriba terminan de aterrizar.
P. D.: El 31 de julio, la Junta Directiva del Banco de la República anunció un programa para acumular hasta US$4 000 millones en reservas internacionales, mediante compras graduales de dólares, con carácter preventivo y sin alterar la tasa de interés. El mecanismo solo se activa cuando la TRM cae por debajo de su promedio móvil de los últimos veinte días hábiles, es decir, precisamente en los momentos de mayor fortaleza del peso como el que atravesamos. No es una intervención cambiaria en el sentido de «defender un nivel» del dólar —el Emisor fue explícito en que el objetivo es fortalecer la liquidez externa del país, no fijar un piso para la TRM—, pero sí es la primera señal de que la propia autoridad monetaria reconoce que la revaluación ha llegado a un punto en el que vale la pena comprar dólares baratos mientras estén baratos. Para los floricultores, el mensaje es ambivalente: confirma que no están viendo fantasmas en la apreciación del peso, pero también deja claro que el Banco no está pensando en subir el dólar por decreto, sino en cuidar sus propias reservas. En palabras sencillas, el Banco de la República va a salir a comprar dólares porque los ve baratos, y esta movida podría hacer rebotar —no sabemos cuánto ni por cuánto tiempo— su precio.
«Mientras el plan de choque aterriza en decretos y líneas de crédito concretas, la recomendación de fondo no cambia: ganar eficiencia y entender los costos propios sigue siendo la única palanca que cada empresa controla por completo».
«¿Para dónde va el dólar? ¡Para abajo!, digo yo, porque me parece evidente, habiendo caído desde un valor cercano a los $5 000 hasta los $3 250 que veo en pantalla mientras escribo esta columna. No lo digo con alegría […], lo digo con preocupación».
«Gane quien gane, al día siguiente nos levantaremos a seguir trabajando: por nuestras familias, por el país, y por nosotros mismos».

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